"Cinco hermanos, bajo el mando del elegido por nuestra señora engullirán el corazón palpitante de aquél que ose detenernos. Nuestra misión; terminar con aquellos que se denominan Dioses. El destino de los humanos será olvidarlos y someterse bajo nuestro mando. Romperé tu corazón, quebrare tu alma, devorare tus sentidos, serás mio. Soy el único placebo para tu dolor."

Código 1:56: Pacto del Decimotercer Cielo.


Cien velas titilan, alumbrando lúgubremente las paredes de piedra caliza de una de las numerosas cámaras de la inmensa cueva que sirve de cuartel a los miembros del Pacto del Decimotercer Cielo. La mesa en forma de media luna ubicada en el centro resplandece con luz amarillenta iluminando débilmente los brazaletes en forma de espiral alrededor de los brazos de un hombre fornido. Presa de la monotonía pasa la palma de la mano por la caprichosa llama de una vela colocada sobre un candil situado sobre la mesa. El eco del agua goteando lo vuelve loco, los tres meses que lleva viviendo dentro de esa curiosa morada han sido una tortura, alejado de cualquier tecnología y comodidad conocida a lo largo de su vida. Él fue un boxeador profesional que obtuvo fama y dinero años atrás, todos aquellos que le conocían pensarían que solo un idiota abandonaría su carrera por el húmedo y aburrido sitio ubicado en alguna parte de Asia, sin embargo Nebet le ofreció algo que no se podía comparar al dinero, poder y fama que gozaba, calmar su sed de sangre.

Narduk "el invencible" como era conocido en el mundo del box, en las peleas sometía a sus oponentes fácilmente después de ellas, iba a las fiestas en su honor abarrotadas de mujeres, alcohol y drogas, con ellas intentaba someter el sentimiento embargador que experimentaba estando en el ring. El olor metálico de la sangre le intoxicaba los sentidos llenándole de placer. En mas de una ocasión, un contendiente fue enviado de emergencia al hospital antes de finalizar la pelea, con frecuencia él aparecería en la habitación del convaleciente, el mundo pensaba que era un gesto amable lleno de compasión, sin embargo solo para Narduk era una exhibición privada frente al perdedor, esperando que esté no despertará y que sus heridas fueran mortales.

- Hola Narduk –mencionó Kumari al ingresar a la sala de inquisición, como le llamaban a este recinto. Detrás de la mulata entró Isis –. Soy yo o esta "habitación" es lúgubre. Con lindos cuadros, luz eléctrica, una fuente de piedra natural, mullidos sillones, pantallas planas y una buena conexión a internet dejaría de parecer un nido de ratas.

- Somos una sociedad secreta –refutó Narduk. La luz amarillenta iluminó su cara cuadrada, barba crecida, cabello largo y negro. Sus ojos color plata resplandecían intimidantes –. Deja de criticar este recinto o Nebet te hará pagar tu desprecio.

- No somos tan secreta deidad Quebrantadora del orden natural, guerra y caos con elemento regente metal. Al menos, no entre los santos de la que se hace llamar; la Diosa virgen y de la sabiduría –rió con sorna Isis mientras el resto de las deidades se sentaba en las pesadas sillas de madera –. Mi querido árbol nunca esta satisfecho –. La joven sonrió satisfecha, sus ojos centellaron de maldad. Isis hablaba de un árbol de corteza roja que custodiaba la cueva, inexplicablemente las raíces de este se habían abierto paso sobre la dura roca. Cuando los cinco elementos regresaban de cacería, lavaban la sangre de sus armaduras y cuerpos antes de entrar a la caverna como parte del ritual de purificación, el agua sanguinolenta buscaba refugio en las profundas raíces del antiguó olmo.

Nebet el líder, había nacido en Dunedin, Nueva Zelanda, o eso estaba escrito en los registros que daban fe de su origen. Fue criado por extraños, apartado de atención y cariño. Los rojizos ojos centellaban de envidia y enojo cada vez que sus amigos eran adoptados. Ni una familia que había visitado el monasterio, que funcionaba de orfanato, demostró el minino interés por adoptar al niño de piel cobriza. Preocupados por su futuro, los mojes decidieron su destino, servirles como sacristán. El chico odiaba el futuro que le habían impuesto y con frecuencia era visto en la ciudad vistiendo ropa de segunda, remendada y que no le ajustaba bien, llenándole de burlas y golpes los chicos abusivos. Hartó de esta situación una noche escapó sintiéndose atraído misteriosamente al bosque caminó por horas adentrándose en el. Casi al amanecer, hambriento y casi congelado se introdujo en una gran cueva y se permitió dormir al calor de una frazada que traía consigo, su sueño fue perturbado por voces que rebotaban en el eco, convencido que se trataba de turistas minimizó el hecho durmiendo nuevamente hasta que una misteriosa luz frente a sus ojos le hizo levantarse y movido por la curiosidad se obligó a seguirla. Caminando por serpenteantes y húmedos senderos naturales esculpidos en la roca llegó a un atrio natural de piedra donde reposaba una vasija de barro color rojo que emanaba un brillo cegador. Con precaución avanzó hacia ella, la vasija resbaló de sus manos y cayó al piso mostrando un libro empastado en cuero desgastado con letras rojas grabadas que se tornaron color plata cuando Nebet se agachó para levantar el libro del piso mojado. Al hacerlo una sucesión de imágenes emergieron en su cabeza mostrándole luchas de Dioses contra humanos, hombres matando bestias legendarias y guerras interminables entre los mismos hombres. Un eco que provenía de las húmedas paredes señaló que la humanidad llena de soberbia estaba provocando su propia destrucción, por ello el Código del Decimo Tercer Cielo debía restaurar el equilibrio sin importar la sangre inocente que se tuviera que derramar.

- Me alegra ver a mis cinco deidades reunidas al fin. ¿Les ha gustado recorrer el mundo? –Irrumpió Nebet en la cámara situándose en la parte central de la mesa. Las cinco deidades volcaron sus miradas en él.

Atis estaba situado en el extremo distal izquierdo de la mesa, la Deidad de vida, muerte y resurrección con elemento regente fuego observaba receloso a Nebet, este fijó su atención a la morena tez de su esbirro mas antiguo. Las pálidas flamas llenaban de calidez su cabello azul alborotado mas de lo normal como si no hubiera tenido tiempo de esmerarse por su apariencia, estaba desprovisto de su usual antifaz que cubría la cicatriz que recorría su rostro.

A su lado Isis, Señora del cielo, tierra y del inframundo con elemento regente Tierra. Se entretenía desproveyendo a una desafortunada araña de sus extremidades, el cabello magenta corto asimétrico, caía sobre sus ojos almendrados delineados marcadamente con negro, las sombras a juego con su color de cabello aparentaban sangre derramada. Le seguía Kumari, Señora de la fertilidad, placer amoroso y del trueno con elemento regente Agua. La mulata de cabello corte pixie posaba sus fríos ojos color rosa en la ostentosa ropa de Nebet, mientras él dirigía su mirada hacia Henki la Deidad del orden celeste, fuerzas de la naturaleza y del comienzo con elemento regente madera. Henki era corpulento muy alto, el cabello rubio lo usaba estilo militar, los gruesos labios dibujaron una sonrisa maligna en su rostro de piel amarillenta, los ojos ámbar no se separaban de la botella que traía Nebet. Finalmente al otro extremo de la mesa estaba Narduk, sus ojos vacíos por primera vez destellaban con interés.

- Tu informe Narduk –ordenó Nebet. Mientras servía en seis copas el contenido de la botella, al inicio de todas sus reuniones era obligación del líder del clan servir vino a cada uno de sus subordinados como gesto de confianza todos bebían de un sorbo el contenido a la par. El aludido se levantó de su silla el tintineo de sus brazaletes se escuchó cuando cayeron sobre las muñecas tatuadas. Comenzó un detallado reporte que contaba las actividades del último mes de los santos en la residencia Kido.

- Nuestro informante nos ha revelado la gravedad del asunto. La Diosa logró que peleen a su lado, todos se han mudado hacia la residencia. Nadie salvo el Fénix y su hermano tienen una vida fuera de ella, aun cuando de sobra sabemos que incluso él esta mas seguro que el resto. Si arriesgáramos tocarle siquiera un cabello, el Fénix nos dará caza a cada uno de nosotros, en cuanto al otro será mas difícil de sacar de la mansión, podemos usar el juguete que consiguió Henki –Narduk sonrió con malicia hacia el rubio.

- Con eso no se resistirán a salir de ahí –mencionó decidida Kumari.

- No debemos usar rehenes –. Gritó indignado Atis –esta en contra del código. Han pasado cuatro meses, ellos saben quienes somos, ataquemos de frente.

- Atis tiene razón –intervino Isis –las deidades no caeremos tan bajo como vulgares ladrones.

- ¡Ah si! –murmuró con desinterés Nebet mientras acallaba la pequeña disputa que se llevaba a cabo –. Creí que quien tomaba las decisiones era yo, Nebet el Amo de la oscuridad.

- Y que el código era inviolable –reclamó Atis. Nebet dio un puñetazo en la mesa tirando copas y candiles.

- ¿Te atreves a cuestionar mi autoridad? –Nebet tomó al pelizazul por el cuello de la camisa, sus ojos rojos centellaban ira. Una vieja rencilla salía a flote.

- No señor –rumió la respuesta entre dientes mientras su pecho subía y bajaba abruptamente en un intento por contener la furia.

- Usaremos la presa y no permitan que ese par haga alianza con Saori Kido o aténganse a mi castigo –. Siseó Nebet sin apartar la mirada de Atis después lo soltó con desprecio. Elevó los brazos y bramó –las cinco deidades del Caos y del Orden dejen este oscuro lugar para dar muerte a todo súbdito fiel a Atena.

Los cinco se pusieron en pie y comenzaron a vitorear, el clamor fue interrumpido por un aullido. Los presentes observaron al animal con cara de zorro su cuerpo asemejaba un oso, las zarpas rayando el piso emitieron un sonido que incomodo a todos. La creatura entró moviendo con elegancia su cola esponjada se detuvo frente a Nebet deposito la cabeza su regazo él sonrió malvadamente.

- Esta quietud ha aburrido incluso a nuestra Señora. El recinto, esta plagado de santos mediocres, pero al fin y al cabo santos son cinco los que nos interesan. Una vez que los quitemos del camino, Atena será un juego de niños, aunque creo que Henki puede hacerse cargo de ella antes –una mirada lujuriosa se anidó en los ojos ambarinos del rubio –. Conocen sus rivales, nuestro informante nos ha hecho saber sus debilidades. Kumari haz lo tuyo –la chica sonrió con picardía mientras su lengua delineaba los delicados labios. Finalizó Nebet mientras acariciaba a la bestia que entrecerraba sus ojos ambarinos en respuesta al afecto que le proporcionaba.

-o-

- ¿Donde estaban? Tenían que llegar hace horas –alzó la voz Pandora con una mano en la cintura cuando Shun y su sobrino aparecieron por la puerta de la casa de la joven pareja. La chica tenía poco más de veinte minutos recorriendo la sala de su hogar con ansiedad.

- Primero fuimos al parque, después a comer aún era temprano así fuimos a los juegos –contestó Shun con tranquilidad enumerando con sus dedos.

- Y por helado tío –añadió el niño tirando de la camisa de este, Shun asintió afirmando.

- Sabes que Shunny debe dormir la siesta, se siente cansado si no lo hace –reclamó Pandora.

- Sí tiene más energías que todos nosotros juntos –río divertido Shun.

- Es mejor que no salgas solo con el niño si eso significa que vas a actuar de manera tan irresponsable –sentenció Pandora.

- Ikki –suplicó tiernamente Shun al mayor con una mueca compasiva acompañado por la de su sobrino.

- Un día que se pierda la siesta no le hará mal, vayan a descansar –dijo cariñosamente el Fénix mientras bajaba el libro había estado leyendo mientras esperaba la reacción de su esposa por la tardanza de su hijo y hermano.

- Gracias papi –respondieron los dos enfilándose hacía a las escaleras.

- Ikki, este par te manipula a su antojo –dijo Pandora con desdén.

- Mientras sean ellos no me importa –mencionó descuidadamente mientras continuaba con la lectura evitando la furiosa mirada de su esposa –. Dejemos que se diviertan.

- No puedes dejar que Shun ande solo, algo malo podría pasarles, lo sabes –dijo con temor.

- ¿Quién dijo que esta solo? Tiene la mejor guardia que alguien puedo desear.

- ¿A quién te refieres?

- Un viejo amigo de Shun o rival. Deberán pasar por él antes que tocar a Shun –Ikki suspiró su mirada se dirigió hacia el patio. Pandora notó que la tristeza se había apoderado de él.

- ¿Lo extrañas, verdad? –Pandora guardó el reclamo por la irresponsabilidad de los hombres de su familia, se mordió un labio presa del temor también peligraba la vida de su joven hijo. Ikki la observó antes de responder.

- Soy el único responsable de lo que es hoy.

- Te equivocas –negó con la cabeza cerrando los ojos al mismo tiempo –Shun tomó sus propias decisiones nadie es responsable si no él.

- ¿Recuerdas como se sentía estar a su lado? –Pandora sonrió –incluso en ese infierno, la tranquilidad que irradiaba calmaba tus temores sin siquiera darse cuenta del efecto que tenía en nosotros. Ahora solo hay desconfianza.

- Por ello le dolió tanto que Hyoga comenzará a convivir con Shiryu. Esa relación se hizo dependiente. Comparten demasiado, estar separados por decisión de tu hermano es un avance. Quizá el mismo decida acercarse a ti es cuestión de tiempo, confía –. Pandora se aproximó al sofá en el que se encontraba Ikki sentado, besó con ternura su frente y lo abrazó. En completo silencio compartieron el resto de la tarde.

Cuando Shun bajó las escaleras se sorprendió por la oscuridad en la que estaba sumergida la estancia, sonrió con tristeza y retiró el libro que Ikki sostenía en su regazo. El peliazul despertó manteniéndose inmóvil mientras Pandora se removía cómodamente en su pecho, los hermanos intercambiaron miradas, Ikki asintió y sin hacer ruido Shun dejó la casa.

El peliverde estuvo tentado a hablar con Hyoga en un intento por vaciar su mente, en vez de ello tenía un par de horas bebiendo, sintiéndose vigilado. Habían pasado dos semanas desde que Saori les confesará quienes eran en realidad. Ikki cada día salía hacia la mansión un par de horas a supervisar el entrenamiento que los santos estaban sometiendo a Hyoga, Seiya y Shiryu con no tan buenos resultados. Saori rogó por horas a Ikki que se encargará del entrenamiento al menos mientras aun estuvieran en Japón.

Shun había visto como Jabu lo observaba de mala gana a la distancia junto con un chico de cabello rojizo del cual no recordaba el nombre. Hartó de las insinuaciones femeninas y de la mirada asesina de Jabu, se levantó de la barra, pago su consumo y salió del bar en dirección de un conjunto de departamentos color azul. Al llegar a la puerta principal dio la vuelta y se acercó al rubio santo del unicornio con una mueca divertida.

- Es probable que tardé. Los necesitaras –mencionó dejando una cajetilla de cigarros sin abrir y con gesto juguetón desapareció por la entrada. Jabú sin decir una palabra destrozó con la mano la cajetilla e insultó al peliverde.

Tras veinte minutos, Shun seguía recargado en la pared mirando fijamente la puerta marcada con el numero 405, arrepintiéndose por haber regalado los cigarros a Jabú. El ruido proveniente del departamento confirmaba que su habitante se encontraba dentro del mismo. Suspiró un par de veces y sin darse oportunidad de arrepentirse tocó el timbre.

- Hola –susurró débilmente y esbozó su mejor sonrisa cuando Manami abrió la puerta. La trigueña no disimuló en el rostro la molestia que le producía ver a Shun y se empeñó en cerrar con brusquedad la puerta. Shun interpuso un pie impidiéndoselo –. Necesito hablar contigo, por favor –insistió con dulzura –. La chica se apartó de mala gana y le permitió la entrada.

- Supongo que debo se civilizada y ofrecerte algo de beber, aunque no quiera, ¿Té?

- Agua. Gracias –. Manami se dirigió hacia la cocina. En la mesa de cristal, ubicada entre los sillones de la sala, se encontraba una caja de cartón. Esta contenía varios objetos. Shun inspeccionó un álbum fotográfico, tomó un marco color plata y reconoció al chico rubio abrazado a Manami. Una furia inexplicable lo invadió y apretó con fuerza el retrato, antes de dejarlo en su lugar.

- Creí que habías dejado el país –dijo con enojo al regresar de la cocina.

- Vivo con mi hermano –contestó –. No con Hyoga. Desocupamos el departamento hace dos semanas –. Manami desvió la mirada, no reconocería jamás que había comprobado esto ultimo –. Mi teléfono celular tuvo un leve desperfecto –mintió Shun. Cuando recién llegó a la casa de Ikki su sobrino lo lanzó hacia la tina de baño –Yo quisie…

- ¿Acaso te he pedido explicaciones? –Interrumpió Manami con más resentimiento del que deseaba expresar.

- Disculpame, no quise incomodarte –mencionó cabizbajo. Shun esperaba una reacción similar y quizá bajo otras circunstancias fácilmente podría congraciarse con la chica –. Serán un par de minutos y prometo que no tendrás que saber de mi nunca –inconscientemente su mirada se posó en retrato que había contemplado anteriormente, la molestia sentida renació de nuevo. – ¿Quién es? –soltó, olvidando lo que deseaba decir, señalando la foto.

- Te escuchó –Manami se sentó sobre el sofá ignorando la pregunta. Ese día lo último que imaginó fue el peliverde tocando a su puerta. La chica tenía una actitud seria y reservada que contrastaba con la sensación que le provocaba.

- Quiero hablar de lo que pasó entre nosotros –la mención tomó por sorpresa a Manami.

- ¿No te bastó con humillarme huyendo como un vulgar ladrón? –dijo incrédula poniéndose en pie –. No, al siguiente día, tuviste que levantar a Akemi y después solo tú sabrás a cuantas más, luego desapareciste. Que sencillo es para ti ir de cama en cama sin importarte los sentimientos de los demás. Cuando al fin logró serenarme y perdonarme por ser tan ingenua. Apareces en mi puerta creyendo que podrás colarte una vez entre mis sabanas.

- Si claro, soy un cretino –menciono con sarcasmo – ¿Sabes? Al parecer no somos diferentes –aseveró con rabia –. Por fin entiendo porque siempre querías iniciar una pelea conmigo. De haberlo aprovechado, hubiéramos disfrutado bastante en la cama. Fui el remplazo ¿No? –apuntó hacia la fotografía –. Alguien, con quien te sacaste las ganas –. Manami lo abofeteó y observo con furia. Shun era capaz de escuchar la agitada respiración de la chica –. Lo siento –se disculpó –. No tengo derecho a decirte algo así, no sé porque lo hice –. Manami parpadeó un par de veces. Sus ojos vidriosos contenían las lágrimas con esfuerzos. Shun sintió una punzada en el pecho. Ahora, él era causante de sus lágrimas –. No quise lastimarte. Disculpame. Te busqué al día siguiente, nada pasó entre Akemi y yo. La llevé hasta su casa, fue todo. Han pasado cosas, no me fue sencillo buscarte pensé era mejor dejar todo atrás, sin embargo, fuiste muy amable conmigo ese día. Lograste confortarme, sin hacer ninguna pregunta o asumir como debía sentirme. Y no tiene que ver con lo que pasó entre nosotros. No planeé nada aun cuando creo que mis palabras no servirán. Nadie vale tus lágrimas, es todo lo que quería decir. Me preguntaba que o quien provocó tu tristeza aquella mañana. Sé que no… –Shun se interrumpió así mismo. Manami lo observó con sorpresa sin poder sostener la desinteresada mirada desvió su atención hacia el piso –. Ansiaba regresarte algo de lo que hiciste por mí, no resultó como esperé. Gracias –. Dejó la botella vacía de agua en la barra de la cocina y rápidamente se dirigió hacia la puerta.

- Era mi prometido –susurró Manami haciendo que se diera vuelta, la chica suspiró antes de continuar –esa mañana fue su…murió hace tres años –Shun se aproximó y se detuvo frente a ella, delicadamente acarició un mejilla. Ella atrapó su mano entre las suyas, el peliverde la rodeó con sus brazos, las silenciosas lágrimas de la chica terminaron por sanar su herido corazón. Shun no podía explicarlo, en sus brazos encontraba tranquilidad.

Después que escuchar el pasado de la chica, permanecieron en silencio. Estaban sentados sobre los mullidos brazos del sillón de dos plazas, abrazando cada uno sus rodillas. De vez en cuando sus miradas se encontraban sosteniendo breves sonrisas. El silbido de la tetera forzó a Manami a levantarse.

- Es tiempo de que me vaya –. Dijo Shun incorporándose del sofá. Permanecer mas tiempo era innecesario aun cuando una sensación conocida le dictará lo contrario.

- Me equivoqué contigo ¿Verdad? –preguntó mientras mantenía la vista fija en la taza de té.

- Honestamente, no lo sé.

- Gracias, por escuchar –. La chica dejo la taza sobre la mesa de cristal y le dio un abrazo. Al separarse sus miradas se encontraron, Shun bajo la mirada y apretó los labios. Manami se acercó con calma y lo besó con ternura.

- Manami –murmuró intentando no perderse en las sensaciones que se resistía a sentir –. Espera –ella ladeó la cabeza y observo extrañada –no lo entiendes –dijo mientras acariciaba los brazos de la chica.

- No, no lo hago. Soy una idiota, debí suponerlo, necesitas estar ebrio para sumarme como una aventura mas a tu cama –chilló herida proporcionando un empellón a Shun –¡Largate! –gritó proporcionándole un empellón. Shun sintió una opresión en su pecho. Se acercó hacia Manami, la tomó con fuerza por un brazo y la besó apasionadamente.

- Es lo que quieres, ¿no?, hagámoslo entonces –dijo mordazmente. Atrajo estrechamente la cintura de Manami, ella se percató del deseo que despertaba en Shun. Las ágiles manos del peliverde delineaban la figura de Manami haciéndola estremecer.

Los besos apasionados de Shun rodearon el cuello de Manami, rápidamente los cálidos labios descendieron hacia el pecho mientras las manos oprimían los delicados muslos. Con rudeza abrió la blusa dejando expuesto el sostén, de satín azul, el cuál fue hecho a un lado apresuradamente provocando que Manami arqueara la espalda cuando los varoniles labios encontraron su objetivo. Shun abrió los ojos mirándola con malicia, mordió un labio, disfrutando la forma en que ella reclamaba su cuerpo, cerró los ojos y, se dejó llevar por el momento. Shun se incorporó aproximándose a sus labios, ella aprovechó acariciarle la espalda, él con rudeza la tomó por las muñecas y las llevó por encima de la negra cabellera, él no le permitía ser tocado mientras la recorría con la mano libre a voluntad. Manami comenzó a sentirse desconcertada por esta actitud. Shun la liberó, la tomó por la cintura, y sin cuidado la recostó sobre el sofá; bruscamente la despojó de la falda, desprendió, con ayuda, hasta la ultima prenda que aun conservaba sobre el cuerpo, mientras ella le besaba el cuello y se aferraba a su espalda. Ambos respiraban entrecortadamente, Manami se recostó debajo de él y cerró los ojos, expectante. Tras una espera, sin caricias, abrió los ojos y vio a Shun hincado entre sus piernas la cabeza reposaba sobre el pecho expuesto, aun conservaba la camisa abierta puesta sobre si.

- Lo siento, no puedo hacerlo. No así, no de nuevo –murmuró débilmente, se acercó a la chica, besó su mejilla con suavidad y, susurró algo a su oído. Arregló su ropa a medio vestir y salió del departamento lo más rápido que pudo. Shun sabía que si la miraba una vez más se abandonaría a esa sensación que juró nunca más sentir.


Ultima entrega de este combo de actualizaciones. Espero no pase de nuevo esta mega actualización pues me costo mucho tiempo y esfuerzo llevar historias simultaneas, es muy complejo ademas que mis ansias de publicar me comen viva. Espero les haya gustado esta pequeña sorpresa y ojala pueda actualizar pronto alguno de estos fics o se van a olvidar de ellos.

Cuídense mis queridas y fieles lectoras.