"Ella confundirá sus sentidos, sembrará la discordia entre ellos. La llevaste cuando encontraste a la elegida, diseñada solo para despertar la lujuria en los hombres. Un aperitivo tan delicioso que incluso te hechizará. Sus encuentros serán vitales para llenar su alma de odio, cuando su alma se encadene a la ira te entregará la cabeza de Atena."
Código 10:7:0
Esa mañana Manami despertó con una opresión en su pecho, desayuno pausadamente mientras acomodaba la blusa blanca de seda sintética, en más de una ocasión le atrajo más de una mirada indiscreta de "él", sobre su cuerpo. Sonrío cuando un ojal caprichoso se deshizo del botón. Suspiró y observo como los tintes del incipiente sol conquistaban el cielo. Unos días, habían transcurrido desde ese encuentro. Negó enérgicamente con la cabeza, alejando sus pensamientos. Ni una llamada había recibido de "él", pero confiaba, sin explicarse cómo, en las palabras murmuradas en su oído, diariamente las repetía y lograba alejar todos sus temores, sin embargo, ese día tenía un mal presentimiento. Tamborileo ansiosa los dedos sobre la mesa. Lejos estaba de imaginar que su mejor amiga Sun-rei era rehén del Pacto del Décimo Tercer Cielo. Una organización compuesta por cinco Deidades al mando del despiadado Nebet y su cónyuge Kiara, una mujer cuya belleza solo era opacada por su crueldad. Ellos habían declarado la guerra a los Santos de Atena, su objetivo era someter a los habitantes de la tierra bajo su poder, castigar a los humanos por el trato irrespetuoso contra el planeta e eliminar a los Dioses vivientes y sus encarnaciones. Las cinco Deidades, protegidas por sus elementos regentes; agua, tierra, madera, fuego y metal, podían desaparecer a los habitantes de la tierra con facilidad por medio de cataclismos climáticos y desordenes naturales como tsumanis, terremotos, huracanes, incendios y erupciones volcánicas.
Lejos de la tibia morada de la bella joven japonesa se estaba llevando a cabo el combate más enzarzado que los Santos de Atena habían soportado. Años atrás la misma Atena, la Diosa Sagrada de guerra, civilización, sabiduría, estrategia, de las artes, de la justicia y de la habilidad, había sucumbido ante la más sencilla emoción humana. Saori se permitió amar a un Santo, del rango más bajo, por encima de todos los demás; Seiya de Pegaso. Sin embargo, él nunca se percató de sus sentimientos, intentando olvidar sus sentimientos, regreso a la derruida Grecia para purificar alma y cuerpo. Decidida a expulsar tan impía pasión.
Los habitantes, cercanos al Santuario, conocían las esplendidas ruinas custodiadas por soldados ataviados con armaduras romanas antiquísimas con órdenes de quitar la vida a los osados que intentaran adentrarse en sus terrenos. Solo ellos, los habitantes del santuario sabían de la protección brindada por Atena a ese lugar. Ella lo llenaba de esperanza y amor con su cosmo, pero ahora estaba apagado. Cargado de tristeza, remordimientos y celos.
Sin éxito, Saori, consultó con psicólogos y psiquiatras buscando un alivio a su pesar. Los especialistas, insistían en diagnosticar una depresión propia de su edad, recomendaban comer apropiadamente, dormir suficiente y realizar actividades al aire libre. Rendida, regresó a Japón orillada a confesar sus sentimientos, pero al ver al sujeto de su amor sonriente de la mano con la chica del orfanato, su valor se esfumo ¿Qué derecho tenía de ella de empañar su felicidad?. Shun la recibió en la mansión, confortándola. Incluso Shun desconocía la devastadora verdad, la Diosa había regresado con un maligno acompañante. Uno ansioso de devorar sus dudas e inseguridades humanas. Un murmullo fosco, sediento de aconsejar maliciosamente para lanzar a sus fieles santos a un mundo desconocido, para el cual no existía entrenamiento que pudiera otorgarles una inmunidad contra las trampas de la vida.
Manami colocó los platos vacíos del desayuno en el fregadero, echo una ojeada al reloj. El bolso resbaló de la silla al tomarlo, frunció el entrecejo inclinada debajo del sillón. La chica desplegó con cuidado la billetera de suave piel, oscura, sacando una a una las tarjetas de crédito, identificaciones y una fotografía vieja de Shun adolescente al lado de su hermano. Estuvo abandonada durante una semana y media en su departamento, debajo del sofá recostada sobre la mullida alfombra, la presión sobre su pecho anunciando un mal presagio incrementó. Estaba por abandonar el refugio del piso cuando el cristal de la ventana se estrelló sin razón alguna, se acercó a el, divisó a la ciudad despertar. Salió para unirse a las miles de personas que día con día enfilan hacía sus destinos. Desconociendo la inmensa cortina de agua que golpearía no solo las costas de Japón sino de casi todo el mundo. En su andar pronto se vio frente al departamento de aquella chica, June. Manami desconocía los por menores de su muerte. Quizá nunca averiguaría su sacrificio, había dado su vida protegiendo a la única persona más importante para ella, caprichosamente la misma que furtivamente ya se había anidado en el corazón de Manami. Tras una triste mirada al edificio la chica prosiguió su camino, ajena a las dolorosas circunstancias venideras para los que conocía.
En el interior de un amplio complejo de cavernas lejos de Japón, Hyoga acompañado de Shun, Ikki, Saori y Seiya detuvieron su andar en la derrumbada cueva, entre la cortina de polvo divisaron a Kiki. Estaba arrodillado sosteniendo el cuerpo inerte de Shaina, su adolescente figura estaba estremeciedo. Jabu cabizbajo, lo observaba con pesar. Después de la muerte de Mu, Kiki se mantuvo vagando en el santuario, rondando entre sus ruinas ausente de sí mismo. Esperando, infantilmente, el regreso de su maestro y amigo. Shaina lo acogió, sacándolo de Grecia. Lo impulsó a seguir viviendo y enfocarse en una meta propia. Tras unos años, Kiki decidió continuar con su entrenamiento con Jabu, pues la peliverde tenía la encomienda de entrenar a la misma Athena, por su propia petición. Saori se arrodilló a un lado del menor de sus santos, le obligó a mirarla y con una triste expresión logró que soltará el cuerpo inerte de Shaina. Se aproximó a la hermosa amazona y tras deslizar una leve caricia por su cara, en la cual quiso trasmitirle todo el cariño y agradecimiento guardado, elevó su báculo. Surgieron ondas brillantes de luz dorada, lentamente envolvieron el cuerpo de la peliverde. Se elevó un par de centímetros lejos del suelo y fue depositada de nuevo, sobre una brillante plancha de mármol rosado.
Deseando apartarse de tan conmovedora escena, Jabu se obligó a dirigir su atención hacia el origen del eco sordo de piedras golpeándose entre sí, al fondo de la caverna. Shiryu se mantenía ajeno a la situación, removiendo con desesperación las rocas cercanas a la pared resbalosa de piedra. Confuso, el Santo del Unicornio, dio pasos trastabillantes sobre las rocas y se unió a la búsqueda del pelinegro.
- No puedo hacer más por ti –menciono con voz chillona Saori. Se incorporó mientras sus santos la observaban atentamente –. Esta bajo mi protección, cualquier enemigo que intente siquiera moverla, será repelido por mi propio cosmos. Es una técnica que esperaba no volver a usar –finalizó caminando hacia donde estaba Shiryu y Jabu.
- Aquí esta, aquí… aquí –balbuceaba histérico. Las rocas se llenaban de sangre, piel y rastros de uñas.
- Está en Shock –intervino Jabu. Saori se arrodilló de nuevo. Con voz fuerte y autoritaria lo llamó por su nombre.
- Aquí no hay nadie –murmuro la Diosa.
- Quizá seamos de ayuda –menciono con voz calma el Unicornio.
- No hay tiempo para ello –interrumpió Ikki. Ganándose una mirada de reproche de Saori.
- Pero que…
- Seiya, es probable que Sunrei esté bajo todas esas rocas –explicó Hyoga.
- Me quedaré a ayudar –dijo Shun –no pierdan tiempo. Continúen, los seguiremos.
A regañadientes Hyoga y el resto de los guerreros dejaron atrás a Shun y Shiryu buscando, entre las rocas, una esperanza de vida.
- Debimos quedarnos –susurró Seiya al ruso.
- Déjate de tonterías Seiya. Por es tan sencillo manipularlos, hasta el mismo Ikki es un gran oso de peluche –rió socarronamente Jabu –. Esa estúpida actitud los puso aquí en primer lugar. Aun no me queda claro como con actitudes tan infantiles y patéticas lograste mancillar tan absurdamente el inmaculado raciocinio de Athena.
- ¿De qué estás hablando? – se detuvo en seco y lo aplastó contra la dura pared de roca.
- Son unos ingratos niños mimados, tú y tus amiguitos se han convertido en todo aquello que una vez repudiaron de Kido. Son mujeriegos, banales, perdidos en sus propias adicciones y pasiones. Me dan asco. Lo diré despacio para que lo entiendas. De no ser por su amor hacia ti, ella jamás habría tomado tan absurda decisión; dejarlos libres. Han sido una maldita carga para todos nosotros, y aquí seguimos jugándonos la piel por unos pusilánimes, quienes ni siquiera son capaces de recordar a aquellos que ya han caído por cuidar a los bebes llorones. –. Finalizo cargado de veneno. Asombrado, Seiya soltó el agarre y le permitió a Jabú seguir tras el resto.
- Seiya…
- Eso nunca lo menciono. Ella… ¿No es posible, cierto?
- No recuerdo nada de eso –menciono confuso y furioso Hyoga –. No deberías prestarle atención. Después de todo Jabú siempre ha sido un fanfarrón celoso.
- Y ahora sabemos la razón –mesándose los cabellos se recargo sobre la fría pared de piedra.
- Seiya no puedes alterarte, no por él, es un buscabullas. Sus palabras no son importantes en estos momentos, debemos enfocarnos a rescatarlos y terminar con estos malditos.
- ¿Ya lo sabes? –preguntó inquieto el castaño. Hyoga tragó en seco y asintió con la cabeza, anhelando desaparecer los recuerdos del primer amor del corazón de su amigo –y si estaba con…
- Ni lo pienses, Shiryu nos habría dicho. Sigamos o Ikki vendrá y nos obligará a mover nuestros traseros con alguna de sus técnicas –. El castaño sonrió levemente y siguió andando.
Aun cuando su pausa fue insignificante, no fueron capaces de encontrarse con el resto. Hyoga y Seiya se movían con cautela dentro de la cueva. El techo y paredes daban la impresión de ser un túnel esculpido en el hielo con irregulares y suaves formas que semejaban un sinfín de diminutas cuencas de lagos vacíos, completamente planos. Hacia ambos costados de la galería había apiladas varias rocas planas y en cada una había una poza de agua poco profunda con lirios blancos flotando.
- Es extraño –menciono Hyoga. Seiya volteó hacia él confundido –. Hemos de estar por lo menos cincuenta metros debajo del nivel del mar, no hay sol ¿Por qué estas flores pueden crecer aquí? Es como si alguien se encargará de cambiarlas, cada vez que una muere. Estas plantas son muy delicadas.
- Vamos, ¿en medio de todo este desorden existe el toque femenino? –el rubio sonrío por la burlona idea del castaño –. Se parece más a un lugar donde un exiliado viviría. Dudo que alguien encuentre tiempo para la floricultura. Ha de ser una nueva especie de planta, si Shiryu estuviera aquí podría comprobarlo –. Hyoga suspiró triste –una vez menciono que por Sunrei había adquirido todo ese conocimiento. Es increíble las acciones de un hombre enamorado…–Seiya enmudeció el dolor del Dragón se anido en su corazón. Hyoga colocó una mano en el hombro de Pegaso y lo apretó sutilmente.
- Sigamos no pierdas la esperanza. No hemos logrado encontrarles, aun cuando hay solo un camino ¿será una casualidad? –Hyoga pasó una mano por la frente secándose el sudor. Continuaron andando hasta un respiradero donde la fresca brisa se colaba –lo admito este lugar es hermoso.
- Me halagan, mi cámara es la más hermosa de todas las Deidades –resonó una melodiosa voz alertándolos –. Soy la Deidad de la fertilidad, del placer amoroso y del trueno. Mi elemento regente es el agua. Lo cual para ustedes debe ser lo más importante en estos momentos. Ambos santos sintieron un extraño cosquilleo en el cuerpo, la ajustada armadura de la mulata apenas cubría y resaltaba las exuberantes curvas de Kumari, se despojó de la capa color verde esmeralda, sus torneadas piernas se cruzaron seductoramente mientras se mordía un labio. Pasó seductoramente, una mano por la desnuda nuca y entornó sus ojos color rosa. Y díganme quién desea ser el primero en morir. O pueden unirse a nosotros y suplicar porque detenga el maremoto que Isis originó. Así es guapo, no lograste detener ni una maldita cosa –se dirigió a Hyoga –tengo un consejo para ti, la próxima vez no dudes. Y si no les importa comencemos. Estoy ansiosa por ver el final de todo esto.
Una esfera de energía negra se posó en su mano y creo una katana de carbón. Seiya y Hyoga, instintivamente se colocaron en poses defensivas.
- Como aun no sé deciden, yo elijo –se colocó frente a Seiya.
- Yo… es decir eres una mujer, yo no.
- Igualdad de género amor, no podré igualar tu fuerza, sin embargo, las mejores batallas han sido ganadas con esto –apuntó hacia su cien –. ¡Prepárate! –Kumari inicio un diestro ataque contra Seiya. Él se negaba a luchar, esquivando difícilmente la katana, el filo de la hoja le provocó cortes leves en los brazos y piernas.
- Aun cuando no puedo usar armas, esta es una batalla desigual –jadeó.
- ¡Oh! Las estúpidas órdenes de Athena –menciono con desprecio –. Aun así estoy para complacerte. Hagámoslo igual –tras decir esto un ejército de fornidos hombres hizo su aparición. Ellos al igual que su líder tenían una armadura, verde, ceñida al cuerpo. Portaban grandes y pesados escudos redondos en una mano y en la otra, lanzas curvas en la punta. Hyoga sonrió con arrogancia, de sobra conocía lo que sus técnicas congelantes podían hacerle a la piel desnuda.
- ¡Deja la caballerosidad para otro día Seiya, pelea! –gritó Hyoga antes de correr frente al batallón y hacerles frente.
- Son demasiados para ti, rubio –menciono socarronamente Ikki en el extremo de la cueva. El Fénix había regresado sobre sus pasos al notar la ausencia de sus compañeros.
- Creí que te habías acobardado –dijo mientras tomaba por la mano a un contrincante haciéndolo estrellar en el suelo –ni siquiera tengo que usar mi cosmo con estos debiluchos.
- Si lo ocupas, terminas más pronto con ellos –. Ikki ejecutó una de sus técnicas dejando fuera de combate a una veintena de hombres –. Y por cuanto tardaste la vez anterior, te será necesario.
- ¿Quieres una taza de té? Deja de charlar, ¿Dónde diablos se metieron? –esquivo a dos atacantes, a uno le dio una patada en el estómago y al otro lo derribo de un puñetazo en la cara.
- ¿Quieres un mapa? –Ikki antes de repetir su técnica apunto al túnel por el cual había regresado –deja de titubear Hyoga o no saldremos de esto.
El ruso dirigió su mirada hacía el ejército, por cada hombre derrotado tres ocupaban su lugar. Tal como había sucedido con Isis. Fue cuando lo entendió, ellos eran una distracción, los alejaban del combate real. Seiya estaba en verdadero peligro rehusándose a pelear. Volteó desesperado buscándolos con la mirada, nada diviso salvo él e Ikki combatiendo en la cueva. En otra cámara de piedra Shun jadeaba por el esfuerzo de ayudar a Shiryu a mover una enorme piedra junto al muro de roca.
- Shiryu –titubeo Shun. Carraspeó buscando el valor para pronunciar las siguientes palabras –. Aquí no hay nadie. Debemos…
- ¡Aquí esta! –desesperado, el Dragón seguía removiendo pedruscos. Sus manos estaban hinchadas, Shun esquivo varias rocas y suspiró. Lo tomó por los hombros y con voz firme le ordeno parar –no lo entiendes –soltando el agarre volvió a su labor –yo la traje aquí, siempre la he hecho sufrir.
- Te repito que no hay nadie –gritó, sin embargo, Shiryu no entraba en razón –. Dragón cesa –Shiryu volteó y se encontró con la fría mirada del peliverde –nosotros tenemos que seguir –. Shiryu lo observo despectivamente y con lágrimas contenidas pasó a su lado, indiferente. Shun tomó la muñeca izquierda entre los dedos, la piel debajo de la armadura le escocía como hierro ardiente, recargo la frente en la resbaladiza pared recuperando el control de su propio cuerpo.
Alejados de los combates de Ikki y Hyoga, Seiya trataba de hacer recapacitar a Kumari, sin embargo, sus rápidos ataques no le daban tregua. Combinaba complicadas acrobacias rematando con ataques con la katana. Hizo un profundo corte en la mejilla derecha del castaño. Él limpio con el dorso de la mano la herida, la sostuvo a la altura de los ojos. La flexibilidad de Kumari era asombrosa.
- Si sigues contemplándome así, pensaré que te he enamorado. Muchos han sucumbido ante mí ¿Quieres probar? –sugerente se aproximó a Seiya. Acaricio sus delineados abdominales y sonrió. Seiya iba cayendo en un adormecimiento, los ecos de la batalla se extinguían, la misión en su mente se desvanecía y era remplazada solo por el deseo.
- ¿Me deseas? –susurró seductoramente. Seiya sintió a su corazón acelerarse, un agradable cosquilleo volvió a recorrerle el cuerpo. Observo el cuerpo de la mulata, sus torneadas piernas, la diminuta cintura, las caderas anchas y sus abultados senos. Se acercó a los labios del castaño, apenas recorriéndolos con la punta de su lengua, cuando él intentó apresar sus labios, sutilmente lo empujo –antes de tenerme debes hacer algo por mí, mátalos –ordenó. Su voz resonó por todo el lugar, su ejército se retiró dejando a Ikki y Hyoga desconcertados.
había hecho un hermoso resumén de todo y les dí una explicación de todo pero es FF quién no quiere les diga nada, maldigo este página y sí ya me enoje.
En resumén gracias a todas por leer espero que sigan con esta aventura hasta el final, hice una encuesta espero voten porque si no voy a sentir feo.
Pasemos a lo que liluel llama cuadro de honor:
yhemira : Pista pasa a la encuesta, ahí esta el nombre. La bestia es loco invento de mí cabeza llena de humo.
darkacuario: Pista no es Saori, ahora no hubo pelea pero me gusto más escribir.
Tot12 : Tome en consideración tus comentarios, espero que la próxima pelea si sea mas descriptiva. Shiryu sigue vivo, siento la confusión.
Tepucihuatl-Shun: El duro despertar de que nadie es perfecto, a eso se han de repones o se los van a llevar al creo que una pelea narrada por ti sería épica, digna de leer. Te dedico el capítulo amiga sin ti es probable que continuará en 5 años.
ShuD: Tanta oscuridad que me doy miedo, de ahora en más Shiryu siempre saldrá para tu beneplácito. Es que ya eran muchos personajes tenía que matar a alguien. Si, es una justificación de nada que ver, pero tenía que haber dolor.
Alyshaluz: yo siempre que tomó un cuchillo veo con arrogancia el pan y el jamón pensando en su futuro. Complejo de asesina serial de closet de palabras.
Satsuki-chan: Dos reviews, espero no haber acabado con tu paciencia. Pegaso Vs Fenix VS Hyoga, hagan sus apuestas. Es que no podía morir después Shaina seria muy casa Leo, aun hay sorpresas.
LiaraPrinceton : Pues si adoro tu avatar, me imagino a ti escribiendo con esa expresión y me alegra. imaginación pacheca la mía. Eones que no actualizo y tu eones que no vienes, así no parece tanto tiempo ¿no? Estoy dejando que fluya aun cuando soy pacifista de corazón la única pelea que he tenido es jalar los pelos de mis primos y eso fue cuando niños osea hace... poco claro.
liluel azul: Seré honesta contigo, sostuve largas platicias, bueno no tan largas, con cierta autora y ambas llegamos a la conclusión que te hariamos sufrir y quizá nos odiaras un ratín, pero todo sea por la literarura virtual. Ni modo que hacer, tu torturas mas al pato en ciertas ocasiones creo que de tanto llorar se va a secar.
Crys: Me halagas, siento mucha la demora

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