"Mi enajenación la causa la sangre tibia salpicando mi rostro, escurriendo por mi cuerpo, los gritos de agonía son la melodiosa canción que necesito para vivir. Soy juez, jurado y verdugo. La verdad está de mi lado, ríndete ante mí, garantizó una muerte rápida y tu débil alma no será castigada. Regresarás convertido en uno de nosotros. Bajo mi mando tu alma olvidará las atormentadas pasiones de los humanos y Dioses."

Código 7:11: Pacto del Decimotercer cielo.


Un solitario e insistente goteó sacó de la inconciencia a Manami, como aquella vez. Sin querer abrir los ojos percibió la insipiente luz atravesar la persiana que dejó entreabierta el día anterior.

Se removió ligeramente permitiéndole a su cuerpo sentir el roce de la suave sábana, como la última vez. Intentó desperezarse delicadamente provocándole una ligera molestia en varios lugares del cuerpo. No es que Manami desconociera estas caricias pero… había pasado tanto tiempo. Tendida sobre su costado sin hacer un solo movimiento tomó sus piernas entre sus brazos y sin abrir los ojos la funda de la almohada de satín comenzó a humedecerse. Estaba hecho lo de ayer confirmaba; en su cuerpo no había rastro de los tiernos afectos que le habían llevado hasta un mundo que ella desconocía.

Incapaz de reprimir por más tiempo el llanto, caminó hacia el baño ubicado en el rincón de la diminuta habitación con cuidado cerró la puerta sin percatarse que Shun la observaba.

- ¿Pero qué le pasa? Debería ir allá y averiguarlo. Por otra parte no quiere que esté allí de lo contrario no se habría marchado...Quizá necesita privacidad –pensó el joven mientras recorría la distancia entre la puerta y la cama varias veces.

Al fin se sentó en el borde del colchón entrelazó sus dedos y recargó su barbilla sobre ellos, suspiró un par de veces, se levantó y estaba a punto de tocar la puerta cuando su valor se esfumó.

- Y…no será que… –especuló de nuevo –. Es imposible nunca ha habido ni una queja ¿Por qué rayos no es como lo imaginé? Bueno…quiero decir no es que constantemente pensará con ello, fueron pocas veces tan escasas que no recuerdo cuál raras fueron. No ideaba escenarios para encontrarla. Debía tomar el elevador número tres que pasaba por su piso porque era la forma más directa de llegar a mi oficina no hay otra razón. Lo del café puedo explicarlo, la máquina junto a su cubículo nunca faltaba en el capuchino con vainilla que tanto me gusta. Ella no debía hacerlo tan complejo –bufó molesto –.

Si solo no hubiera huido de mí en el bosque. Por otro lado eso nos habría hecho vulnerables ante ese loco –se tomó un brazo –. No debo preocuparme es como dice Hyoga se convirtió en una obsesión por que me rechazó no hay mujer que pueda hacerme eso…pero no fue así con Shaina. ¡Eso fue diferente! No resistió besarme no fue un desaire total.

¡Oh! Shun lo has vuelto a hacer, prometimos no hacerlo nunca con una virgen…otra vez. Confunden todo. Pero lo de ayer…–un agradable cosquilleo recorrió su cuerpo, negó con su cabeza deseando alejar su desconcierto.

Debería haber algunos cigarros aquí –murmuró mientras revisaba algunos cajones –ella no fuma, come chocolates cuando se estresa, le gusta el amargo no el de leche –pensaba mientras registraba los cajones –. ¡Por favor! Al menos debería tener chicles –susurró exasperado.

Llegó al ultimó cajón de la pequeña cómoda ubicada frente a la cama, sacó un sobrio alhajero sin dudarlo lo abrió y observó las hileras donde descansaban una decena de anillos. Frunció el ceño y dijo –ella no usa anillos. ¿Por qué tiene tantos? ¿Quién en estos tiempos tiene un álbum fotográfico? – murmuró refiriéndose al libro que estaba debajo del estuche. Sonrió tiernamente, Manami y él parecían ser las únicas personas que aun poseían fotografías impresas.

Regresó a la cama y comenzó a hojear el álbum, había decenas de fotografías de la chica. Por el uniforme Shun se dio cuenta que las primeras fotos eran de la preparatoria. Las primeras fotografías parecían haber sido tomadas sin que ella lo notara. En la mayoría de ellas estaba sola feliz, pero sola. El peliverde observó la trasformación de la chica, todo tipo de cortes de cabello incluso teñido, ropa que denotaba las diferentes estaciones, paisajes y lugares. Llegó hasta una foto que le hizo fruncir nuevamente el ceño, una colección de fotografías contaban una secuencia de eventos sucedidos frente a un barandal que separaba el parque de una laguna en un soleado día. La chica se había acercado a la cámara fija en algún sitio y a rastras forzó a un rubio hombre a salir a cuadro con ella. Para después abrazarse efusivamente mientras el chico la levantaba del piso, después él sacó algo de su bolsillo y se lo dio a ella. La silueta de Manami frente al rubio con las manos cubriendo la cara era la última fotografía del libro. Shun hojeó las páginas en blanco que le restaban al cuadernillo buscando en vano el fin de la historia. Se levantó y regresó el álbum a su sitio tomó el alhajero abierto frente al espejo, un anillo en particular atrajo su atención. Lo tomó delicadamente entre sus dedos y lo devolvió a su estuche. Se vistió y salió apresuradamente del departamento de la chica rumbo al único lugar donde sentía a salvo.

- Buenos días –fue la cálida recepción que le brindó Pandora al llegar al hogar de la pelinegra –¿Quieres café o jugo? –preguntó cuándo lo encontró en el pasillo principal. Shun estaba recargado en la puerta.

- No quise entrar así –susurró al verse descubierto mientras el tranquilizador ambiente lo envolvía–no sabía dónde ir –la chica suspiró y le miró con ternura.

- Esta es tu casa, nunca serás un extraño. Ahora se bueno, ve arriba y diles a ese par que bajen o el desayuno se enfriará –la pelinegra señaló el piso superior, refiriéndose a Ikki y Shuny tratando reprimir un bostezo.

- ¿Estás bien? –cuestionó preocupado acercándose a la chica.

- Descuida últimamente he estado muy cansada pero no es nada para alarmarse –Pandora sonrió y regresó a la cocina.

Shun ingresó tiempo después a la cocina. Ikki y Shuny jugaban en el jardín trasero. Bajo la mirada vigilante de Pandora que estaba lavando unos tazones donde habían comido cereal.

- ¿Puedo ayudarte? –preguntó tímidamente el peliverde –así podrás ir a descansar.

- Eres muy dulce –respondió sin mirarle –estoy bien, ya te lo dije. Puedo calentar algo del desayuno si quieres.

- Puedo hacerlo yo mismo, gracias.

- ¿Te sientes mejor? –dijo. Shun se ocultó tras la puerta abierta del refrigerador.

- Si, gracias –murmuró.

- Perder a alguien que aprecias es difícil –mencionó débilmente.

El corazón de Shun latió con fuerza. Parecía que después de todo el resto pensaban que estaba afectado por la muerte de June, cuando el mejor consuelo lo encontró en una persona inesperada.

- Bueno –dudó Shun.

- No tienes que decir nada –Pandora cerró el grifo y se giró recargándose sobre el lavaplatos –. Estoy segura que no puedes sentir la angustia y el dolor de perder a alguien que realmente amas. No me mires así no te culpo.

Ikki está esperando una respuesta, se siente responsable por ello decidió ser comprensivo contigo. Tratándose de mi familia, la paciencia no es opción para mí.

- También es mi familia –aseveró gravemente.

- Eres una de las personas más importantes para Ikki. Él está dispuesto a luchar, huir o lo que sea que decidas –Pandora se interrumpió –. Deja de huir –soltó fastidiada.

- No lo hago –se defendió.

- ¡Por favor, ustedes son iguales! –clamó desesperada refiriéndose a su hermano –en cuanto algo sale de su control se dan de trotamundos. Los dos lo sabemos, necesito escucharlo de ti.

Shun bajó la mirada, si ella lo sabía era posible que Ikki también pero el mayor no quería presionarlo. Tal vez él tampoco estaba seguro si era lo mejor se permitió fantasear.

- Es difícil, no puedo hacerlo –murmuró –no puedo hacerle lo mismo. Jamás podré perdonarme.

Pandora ahogó un grito. Shun se acercó beso su húmeda mejilla y la rodeó con sus brazos, hundió su cara entre el sedoso y negro cabello de la chica.

Después de llamar a Hyoga y explicarle que necesitaba pasar un tiempo con Ikki. Shun pasó el día con la familia de su hermano. Ayudó a Pandora a cocinar galletas a lo que más tarde se unieron Shunny y su padre logrando que en toda la cocina el harina y las chispas de chocolate quedaran regadas. Luego intentó ayudar a Ikki a cocinar pero tras cortarse la mano dos veces y que el aceite salpicará su mano cuando arrojó una croqueta de arroz a una cacerola fue relegado a colocar los cubiertos en la mesa y cuidar ocasionalmente la siesta de su sobrino.

Al atardecer decidieron ir al parque y comer helado. Shun se negó gentilmente a acompañarlos, en cambio le pidió prestado el auto a Ikki y fue directo a la salida del edificio donde trabajó durante meses.

- Hola guapo –una chica se acercó a la ventanilla del copiloto. Shun la miró sin interés el brazo derecho recargado sobre su ventanilla comenzaba a sentir cansancio, sus dedos estaban sobre los labios –recordaba que eras más comunicativo.

- Hola, Akemi –murmuró en tono monótono Shun sin despegar la vista del retrovisor.

El auto deportivo rojo estaba estacionado metros más delante de la entrada al rascacielos de cristal que ostentaba la corporación Graud. El peliverde volteó a ver nuevamente el reloj del tablero, cincuenta y siete minutos llevaba sentado.

- ¿Me llevas a casa? –interrogó expectante la trigueña.

- Sube –rumió Shun.

- ¿Me abres la puerta? –rogó la chica, Shun rodó los ojos. Bajó del auto, dio la vuelta y abrió la puerta.

- Hemos llegado –mencionó parcamente cuando se paró frente a un edificio de departamentos.

- Había pensado, puedes entrar –dijo sugerentemente Akemi. Shun la observó rápidamente, la diminuta falda gris oxford mostraba sus torneadas piernas, la blusa blanca ajustada por un ceñido chaleco resaltaba su figura. La chica mordió su labio inferior desabrochó el cinturón de seguridad y se aproximó a Shun.

- ¿Sabes? –dijo con enfado –no soy un novio que espera pacientemente y te recibe con gesto amable, así que…–Shun señaló la puerta de entrada del edificio donde vivía la chica.

Contrariada dando un portazo Akemi salió del auto. Escuchó a su espalda el rechinar de las llantas cuando Shun aceleró al retirarse.

Recorrió a baja velocidad las calles de su antiguo barrio mientras se reprochaba mentalmente su actitud hacia la chica, no lograba explicar el porqué de su molestia. La fina lluvia sobre el parabrisas le obligó a acelerar rumbo al parque y evitar que su pequeña familia se mojara.

- Es la segunda vez –murmuró Sun-rei extrañada que había divisado a Shun al salir del local donde solía cenar con Manami. Al salir del trabajo logró verlo sentado en el auto estacionado frente al edificio. Aceleró el paso pues el departamento estaba lejos y sin duda su amiga no la estaba pasando bien.

Sun-rei se sentó en el piso recargada en la puerta del departamento de Manami. Se había habituado a esta rutina anual. El delicioso aroma de ramen caliente inundaba el pasillo y su estómago reaccionaba ante él, atrajó sus piernas hacia ella en un intento por calmar su hambre. Estaba tentada a sacar su ración cuando la trigueña arribo por el estrecho pasillo.

- Estas empapada –observó la china cuando las dos estuvieron dentro del departamento –ve a cambiarte. Traje la cena y huele deliciosa –Manami sonrió sin ánimos. Sun-rei sacó los cubiertos y sirvió en dos tazones el ramen lo acompaño con dos vasos de sake caliente. Ansiosa sonrió ante el regreso de Manami, el cabello negro seguía húmedo sobre la blusa de algodón rosa que recién había vestido.

– Es tu favorito –hizo alusión al platillo y se sentó frente a ella.

- Gracias –murmuró. El humo proveniente del tazón hizo espirales entre las dos. Sun-rei la vio con compasión.

- Han pasado tres años amiga, creí que los absurdos horarios ya no eran relevantes –mencionó con cautela.

- Es lo menos que puedo hacer. Les he hecho demasiado daño, perdieron un hijo –murmuró débilmente.

- Y tú, a tu prometido. Eso cuenta tanto o aún más –afirmó con decisión. Manami se puso en pie y rápidamente se dirigió hacia el sofá. Sun-rei creyendo haberla herido la siguió –lo siento –. Susurró abrazándola. Ella negó con la cabeza.

- He hecho algo horrible –confesó mientras las lágrimas comenzaron a inundar los ojos negro violáceos –estoy segura que me su alma me odia.

- Querida, no seas tonta. Él no tendría ningún motivo para hacerlo. Te amaba con todo su ser –Sun-rei acarició dulcemente la espalda de Manami que ocultaba entre las manos el rostro.

- No, no lo entiendes –vociferó desesperada poniéndose en pie –yo…yo estuve con alguien más.

- ¿Qué quieres decir? –interrogó tímidamente.

- Eso, me acosté con alguien más –explicó pasando una mano por su cabello.

- Dices que… ¿lo engañaste? –Manami negó con la cabeza –eso quiere decir que tú ya no eres…que él…los dos… pero ¿eran novios, no deberías estar casada para hacer eso? –sugirió Sun-rei con el rostro sonrojado.

- Lo amaba es lo único que cuenta –la chica entrecerró los ojos. Sabía que la china no era la mejor persona para entenderla sin embargo la presión de su pecho era insoportable.

- Bu…bueno –titubeó la china –si dices que lo amas. No debe estar mal –Su-rei intentó sonar convincente sin lograrlo. Manami sonrió.

- Haces que me sienta aun peor –suspiró con una amarga sonrisa –. Amé a Raito. Lo de ayer…no sé como definirlo.

Había tanto dolor cargado en las palabras de la trigueña que Sun-rei comenzó a llorar en silencio.

- Nunca te he dicho como fue, ¿cierto? –sin esperar respuesta continuó –. Nos conocimos en la preparatoria.

Siempre se inclinó por los clubes de artes. Era muy sobresaliente en ello. Pero ya sabes sus padres pensaron que desperdiciaba su talento en algo tan irrelevante, él debía ser abogado y ayudar con el negocio familiar. Su familia eligió cada profesión de sus hermanos mayores con mira a sus negocios para que estuvieran bajo la tutela familiar. Estaba en el club de fotografía y no se animaba a hablarme así que se conformaba con sacar fotografías mientras no lo notaba. Pero como no hacerlo, era rubio, muy alto y carismático. Comenzamos a salir y antes de darme cuenta teníamos que elegir carrera lo alenté a seguir con su pasión. Durante años me lo he reprochado en silencio, de haber seguido las instrucciones de sus padres él podría estar vivo –Manami hizo una pausa, respiraba rápidamente y mordió un labio intentando contener el llanto –. Por mi encontró el valor de enfrentarse a su familia entera, eso me dijo la última vez que hablamos. Ayer hace tres años me propuso matrimonio frente a nuestro lugar preferido. No era la única sorpresa, había conseguido un trabajo como profesor de arte en la universidad de Tokio. No habrá lujos, ni viajes pero si amor mencionó antes de que regresáramos a casa. Esa noche nos amamos de una forma diferente tan entregada e intensa, me preguntó si inconscientemente lo sabíamos. No, no fue nuestra primera vez –añadió al notar que Sun-rei quiso interrumpir.

Al día siguiente el goteo fuera de la ventana me despertó, quise retenerlo mientras él se iba. Prometió regresar con el desayuno. Como sabes eso nunca paso. Un conductor divisó a una niña correr por la avenida y en un intento de esquivarla subió hacia la banqueta. Raito se entretuvo con una revista de arte que iba a comprar y no logró escapar.

- Amiga deberías dejar de torturarte –Sun-rei se acercó delicadamente y la abrazó. Durante estos 3 años había compartido el dolor por la pérdida de Raito. Más la china había pensado que Manami debería cerrar su ciclo de duelo.

- No, no lo entiendes. ¿Escuchaste lo que dije? –Sun-rei la miraba atónita –he hecho algo imperdonable. No puedo olvidarlo y seguir así. Hoy es su aniversario. Soy tan ruin –Manami comenzó a llorar desconsoladamente – ¿Cómo pude hacerle algo tan cruel? Aun lo amo.

- ¿Entonces porque lo hiciste? –reprochó suavemente mientras acariciaba su cabello. Sun-rei apretó los labios con rabia se sentía impotente imaginando que clase de hombre pudo aprovecharse de la vulnerabilidad de su amiga.

- Es difícil de explicar –mencionó entre sollozos entrecortados –él se sentía tan solo como yo.

Sun-rei no entendía. En su mundo existía una inocente fantasía de un único amor verdadero y una primera vez mágica colmada de ternura y sueños idealistas. La mayoría de las personas que habían franqueado esa patética fantasía sabían que la soledad carcome la esperanza y que la pasión adormece los sentidos permitiéndoles vivir una fingida vida normal.

-o-

Una bestia con cuerpo de león paseaba inquieta desplegando sus alas mientras custodiaba la entrada de un laberinto de roca. El animal se agazapó por un momento recorriendo con su ambarina mirada al visitante que tenía enfrente. Este recorrió con mirada desdeñosa el pelaje blanco en pecho y vientre de la bestia, sus manchas negras redondas distribuidas regularmente en todo el cuerpo, le recordaba a un leopardo excepto por las grandes alas cubiertas de plumas negras iridiscentes.

- Estúpido animal –bufó con rabia un hombre moreno y cabellera azul –podría matarte con mis propias manos –siseó.

- Y entonces tendríamos que conseguir un nuevo general del odio –murmuró divertida una chica con cabello rosa chillante.

- Kumari –el moreno le dedicó una fría mirada. –No tienes niños que torturar –Atis torció una sonrisa.

- Prefiero a los hombres –dijo con lascivia mientras acercaba su curvilíneo cuerpo descaradamente. Él la rechazó bruscamente –. Vaya, los rumores son ciertos –murmuró con falsa sorpresa –te estás jugando el pellejo, ella es la elegida.

- No sé de qué me hablas –volteó el rostro hacia el lado contrario de su compañera.

- ¡Vamos! Tierra me dijo que si ellos no hubieran empezado con lo suyo, esa cicatriz se extendería por todo el cuerpo –mencionó socarronamente mientras se posaba en el hombro del moreno. Sus maliciosos ojos color rosa resplandecieron con maldad –debes controlarte o acabarás matándonos a todos. Todo placer que te haya dado –la chica posó una deseosa mirada en la entrepierna del guerrero –cualquiera puede igualarlo o quizá…superarlo.

Atis tocó la gruesa cicatriz que corría entre su frente hasta su nariz pasando por el ojo derecho. El guerrero poseyó una masculina belleza, mentón cuadrado, cara ovalada, labios finos y delgados, cejas pobladas y arqueadas naturalmente.

- Si quieres…tú y yo podríamos pasar el tiempo en esta isla, en lo que Nebet decide levantarte el castigo. Tierra aún es muy joven no sabe entretener a un hombre –sugestivamente la chica lamió el lóbulo de la oreja de Atis. A pesar de que en su cuerpo se desataron sensaciones placenteras. Se apartó indignado de Kumari –. ¡Idiota! –Dijo con desdén.

¡Escúchame bien! No voy a arriesgar mi cuello por una amante pérdida. Así que la próxima vez te calmas la calentura haber con quien y no quiero percibir otra oleada de lujuria y deseo hacia Kiara estando el señor presente o seremos nosotros quienes acabemos contigo –se encaminó hacia la bestia que rugió y sin inmutarse paso a un lado de ella.

Atis contemplo a la mulata desaparecer entre las sombras y suspiró. Hacía un par de años que había sido reclutado para el Pacto del decimotercer cielo.

Tras la muerte de sus padres, cuando Atis era estudiante de preparatoria en la provincia de Bari, Italia. Apareció un alto hombre de piel cobriza sus ojos estaban cubiertos por gafas negras y un mechón de cabello caía sobre la cara. Escoltado por cinco guardianes vestidos de la misma forma con traje azul marino y corbata escarlata.

Nebet como se dio a conocer el sujeto, le reveló un futuro que sonaba irreal. Guerras, muerte, justicia y guerreros fueron palabras del pelinegro. Él era un elegido de los cinco guerreros principales del pacto del décimo tercer cielo de ahora en debía seguir cada uno de los 13 preceptos que definían a todo miembro de este grupo. Un grupo cuya misión era devolver al planeta su equilibrio, valiéndose para ello de cualquier método. Los guerreros poseían los cinco elementos (agua, tierra, madera, metal y fuego) como regentes tenían el poder para exterminar a cualquier humano, incluso a aquellos que se hacían llamar como Dioses.


Mis fieles lectoras que me retro alimentan con sus maravillosos reviews les agradezco leer la ultima entrega de este fic. Deseaba que los chicos de bronce ya aparecieran pero ya no dio mas tiempo no es una redención de Manami, todos tenemos motivos para hacer lo que hacemos el que diga que no se miente a si mismo eso es lo que quiero platear con este fic. El actuar es solo el resultado de algo que permitimos que nos hicieran, soy firme creyente que es uno y solo uno el que se permite amar, odiar, engañar y ser engañado (entre miles de cosas). Uno, no la vida, no el destino (aceptemos lo nadie nació para ser tapete ó sufrir eternamente). Ese es el error de la mayoria de las mitologias creen que los humanos somos débiles pues nos dejamos dominar por los malos sentimientos bloqueando la alegria confundiendola con la suerte. Espero que con ello no santifiquen o satanicen a todos los integrantes de mis fics pues eso es lo que representan.

Me puse algo intensa. Las dejo. Nos leemos pronto.