3.

—¿Sabes? Es de mala educación mirar fijamente.

—No estoy mirando fijo.

Obviamente lo estaba mirando fijo. Se obliga a concentrarse en sus hojas y garabatos. Se rinde.

—Podemos dejarlo para la próxima —dice Takeru—. Tampoco estoy prestando mucha atención. Y vamos bien por ahora.

Es un alivio.

—Sí.

Takeru ladea el rostro hacia atrás, todavía con el lápiz detrás de su oreja (¿por qué?), y lo estudia con atención, sus ojos entrecerrados. Daisuke se mantiene firme (aunque le sudan las manos... un poco) y se recuerda que no están solos. Que Patamon está también, eso cuenta. Y que la señora Takashi también volverá pronto. Y que además eso es tonto pensar en eso. No es como si jamás hubieran coincidido en un lugar, los dos.

Y es Takeru. Y lo está mirando fijamente y le sudan las manos. Y su cara se siente arder bajo esa intensa mirada azul.

Daisuke se pregunta quién inventó el concepto de mariposas en el estómago. Porque es muy inadecuado. Más que mariposas revoloteando se imagina que son miles de Juns coreando por sus Yamatos durante recitales.

—¿Vas a decirlo tú o tengo que decirlo yo?

—¿Decir...?

—Los chocolates de tu hermana.

—¿... qué?

Takeru parpadea otra vez, arruga el ceño. Parece perdido en la hilada de ideas y Daisuke puede simpatizar con eso. Simpatizaría, si fuera otra persona. —Creí que habías visto que ella me estaba dando chocolates... Eran para mí hermano y Sora, me pidió que se los dé mañana. Pensé... No importa.

Daisuke se le queda mirando hasta que entiende lo que le quiere decir.

—Ah. Sí, lo sabía. Ella quería que yo fuera su mensajero pero le dije que no.

—Es increíble, ¿sabes? —Se ríe—. Todavía sigue la carrera de mi hermano. Sora le consigue las entradas y dice que de verdad merece el título de presidenta del club de fans.

—Esa es Jun.

Takeru hace otra pausa pequeña y luego sacude la cabeza. Todavía lo mira cómo si quisiera meterse dentro de su cerebro y entender lo que piensa.

Daisuke agradece que no pueda.

—Hikari no me va a regalar Honmei choco este año tampoco, Daisuke.

Se le seca la garganta. —Hikari... ¿eh?

Takeru suspira.

No tiene ningún derecho a suspirar.

Daisuke es el que tiene todas las ideas revueltas y no entiende lo que pasa. Y el que se queda mirando la nuca de Takeru en clase. Y sus ojos azules. Y su sonrisa estúpida. Y es, también, el que no piensa por qués.

—Siempre empiezas a actuar extraño cerca de San Valentín —le explica. Está seguro que los dos están teniendo los mismos recuerdos—. Y… es por Hikari.

—No todo tiene que ver con Hikari para mí —responde, a la defensiva. Takeru lo mira con la duda pintada en la cara, en la postura, en la mirada—. Pienso en otras cosas también, ¿sabes?

Takeru parpadea de nuevo. Como si no supiera, la verdad. Considerando su historial, Daisuke puede entenderlo. Igualmente… La suposición lo ofende. Muchísimo.

—¿Hay otra chica? —le pregunta Takeru, que no sabe callarse y que se repone con rapidez envidiable. Alza las cejas y le sonríe ampliamente, y Daisuke quiere golpearse contra la mesa o que la tierra se lo trague. (Obviamente, nada ocurre)—. ¿Es alguien que conozco? ¿Esperas que mañana te-

—No es asunto tuyo, Takaishi —le responde.

Takeru, que tiene como hermano a Yamato Ishida, ni se inmuta con su tono.

—Bien, bien. No te preguntaré. Ya habíamos superado la época en la que me llamabas por otras cosas que no fueran mi nombre, ¿no? Ya no volvamos a eso.

.


.

Miyako lo mira de pies a cabeza. —¿Te dijo alguien alguna vez que eras muy predecible?

Daisuke frunce el ceño, ya es costumbre cuando se trata de su amiga. —¿Predecible?

—No puedo creer que... —Miyako suspira—. Mira, Daisuke, eres genial siendo como eres. No tienes que estar siempre fijándote en la popularidad de los demás, o en esas cosas.

Daisuke quiere pretender que no entiende a lo que se refiere pero sí, sí que lo hace. Quiere decirle a Miyako que no es lo que piensa, lo que parece. Que no es la popularidad de Takeru de lo que siente... celos (sí, ya lo dijo, bueno, lo pensó… que funciona igual. Casi).

Ni siquiera le molesta que Hikari le haya dado chocolates (Quizá porque Hikari les dio a los dos el mismo chocolate y, como Takeru anticipó, no fueron acompañados de una confesión).

—Takeru siempre ha sido más popular que yo.

Ajá —Miyako asiente. Daisuke se pregunta si está sonando tan infantil como ella—. Pero tú también tienes chicas que te miran. Te darías cuenta si prestaras más atención.

Hikari, que elige ese momento para entrar a la conversación, le da una sonrisa que él no sabe interpretar. —Daisuke tiene la mente en otra parte, creo.

Miyako mira a su mejor amiga, sorprendida, y luego vuelve a mirarlo. Hay algo más suave en sus ojos, algo que remonta al tiempo que se hicieron amigos. Al momento que ella le agradeció por animarla cuando estaba llorando. Se siente una época prehistórica.

—Oh. Creí que habías vuelto a los patrones de antes en los que siempre estabas pendiente de lo que hacía Takeru.

Hikari no deja de sonreír. —En ese caso, tal vez no.