Equuleus

Parte 3 | El hijo de Heracles


Kyoko no le contestaba el celular. No era la clase de cosas que le preocupaba, pero con las cosas tan tensas como estaban últimamente con lo de Equuleus, tenía miedo de que algo le haya pasado.

Inconscientemente, manejó hasta llegar al punto donde ocurriría el supuesto asesinato. Llena de sangre, frente al cuerpo de un hombre inconsciente, estaba Equuleus.

No podía creerlo.

Sin pensarlo dos veces salió de la patrulla. El sonido de la puerta debió haber advertido a la chica de que alguien se acercaba.

—Milo… —y aunque no podía ver su rostro por la máscara, podía adivinar por el tono quebrado de su voz que estaba alterada.

—¿Qué fue lo que hiciste?

La chica dio un paso atrás. —No es lo que parece, Milo.

No le pasó por la mente preguntar cómo es que sabía su nombre. Era todo tan confuso.

—Estás llena de sangre y hay un hombre inconsciente; no hay que ser un genio para saber lo que ocurrió.

La posición abierta y no hostil de la chica se volvió una defensiva, como un animal al que acorralas.

—No… no es verdad…

—Realmente Saga tenía razón, estás imitando al asesino de media luna —pudo notar cómo el cuerpo de Equuleus se tensaba de rabia. Sin embargo, pareció calmarse de inmediato. Soltó una risa seca.

—Claro. Pregúntale al oficial Saga. Seguro él te responde lo que necesitas saber sobre el asesino —se acercó al bulto que estaba en el suelo, y lo haló del cabello—. ¿Por qué no le preguntas a esa escoria que se hace llamar Saga Iraklidis, aprovechando que se encuentra cerca? Al fin y al cabo, él todo lo sabe sobre el susodicho Asesino de Media Luna.

El veneno en la voz de la vigilante era algo que no imaginó encontrar. No pudo decir nada, pues la sorpresa lo tenía paralizado. Intentó abrir la boca y cerrarla varias veces, pero ningún sonido salía.

—Eres… Alicia Benethol, ¿no es verdad?

Lo abrupto de la pregunta definitivamente mantuvo unos segundos perpleja a la joven.

—¿Disculpa?

—La peluca le pertenece a la amiga de Saori Kido, Alicia Benethol —se apresuró a agregar. Y ahora que se daba cuenta, puede que no haya sido la joven Benethol después de todo..

—Sí, Alicia Benethol. La conozco, es mi amiga. Y me presta esto. ¿Pero qué tiene que ver?

De esto Milo no dudó. —Me dijiste, la otra noche, que si adivinaba tu identidad, me explicarías tus motivaciones —pero era la "otra" Equuleus, y probablemente no lo haya dicho en verdad.

La rabia pareció dejar a Equuleus, algo que no sabía si agradecer o temer. Al final se dijo que ella decidiría si le respondía.

—No fui yo quien te lo prometió, pero quizás te ayude a comprender la situación un poco mejor —se quitó la máscara, dejándola en el suelo y permitiendo que Milo analizara la situación por sí mismo.

Y el mundo del joven policía dejó de girar por un minuto entero.

—¿Kyoko?

Tenía sentido. Tenía todo el sentido del universo, pero… ¿entonces a quién creerle?

—¿Sigues creyendo que soy la mala? Mira detrás de ti.

Confundido, Milo se giró y su confusión incrementó. —¿Un cadáver? Kyoko, no me digas que…

—Fue el asesino de Media Luna. No pude llegar antes de que sucediera, pero se quedó el suficiente tiempo para poder detenerlo.

Milo sintió como la sangre se le helaba.

—¿Quieres decir que… Saga era…?

—Y nada menos que eso —la chica lo observó con desprecio—. Él asesinó a mi padre, y por mucho tiempo no pude recordar su rostro. Pero me llegó hace menos de un par de meses, poco antes de que llegaras tú, y fue que le pedí a Mii que me ayudara con esto.

—¿Mii?

—La de la peluca.

—Oh.

Silencio.

—¿Te sientes mejor ahora que tienes pruebas de que fue él? —preguntó Milo. Sabía que a Kyoko no le gustaban los vigilantes (en una de sus varias citas se lo confesó, "tienen demasiado tiempo libre"), pero ahora comprendía que era una forma en la que la joven intentaba sanarse (no sabía cómo es que mantenía todavía la calma. ¿Será que siempre creyó que Equuleus no podía ser mala, o que la forma en la que Saga se había obsesionado repentinamente con capturarla era extraña?).

Kyoko negó con la cabeza, y a pesar de la iluminación, Milo podía notar cómo se las arreglaba para no llorar.

—No, pero sé que un civil no puede hacer justicia por su propia mano —Milo dio un paso hacia ella, como pidiéndole permiso para acercarse. Kyoko no dio ni una respuesta negativa ni una positiva, simplemente se sentó en la acera—. En cualquier caso, creo que estaré bien.

Milo se sentó a su lado. —Pero al menos ahora podrás dormir tranquila, supongo.

Kyoko lo observó, extrañada. —¿Cómo lo…?

—La noche de películas. No creo que lo recuerdes, parece que tuviste una regresión —confesó. La joven asintió con la cabeza. Recordaba confundir a Aioria con su padre biológico, pero no recuerda que Milo estuviera cerca de ella ese día. Pero no le dio mucha importancia, el estrés postraumático te hacía eso.

—¡Kyoko!

La voz de Marín les llegó desde varios metros de distancia. Ambos alzaron la cabeza, notando cómo la policía llegaba corriendo hacia ellos.

—¿Estás bien, te hiciste daño? Shoko llegó hace rato a la estación y dijo que habían dado con el asesino. No pensé que te…

—Tranquilízate, Marín. Kyoko no está hecha de cristal —Aioria venía sólo a unos pocos metros detrás de su esposa—. Aunque creo que tendrás que darnos una explicación, jovencita. Desde el inicio.

Milo se alejó un poco de ellos, pensando que quizá necesitaba darles privacidad. Se quedó viendo a Saga, quien comenzaba a recuperar la consciencia. Se mantuvo alerta, con una mano en su pistola por si acaso.

El cuchillo que traía entre manos Saga era tan rápido que no lo vio venir. Sin pensarlo dos veces, apretó el gatillo, apuntando a una rodilla para incapacitarlo.

—¡Milo!

La voz de Marín le llenó los oídos, pero fue lo último que escuchó antes de que el mundo se volviera borroso, y luego una oscuridad se lo llevara.


Iba y venía en un vaivén imposible de cronometrar. En un momento estaba inconsciente, y al siguiente no.

La primera vez que estuvo consciente, Kyoko estaba dormida al lado de su camilla de hospital. Probablemente haya estado esperándolo muchos días, quizá sólo un par de horas.

Tosió un poco para llamar su atención y despertarla.

Los ojos de Kyoko se abrieron y de ellos brotaron más lágrimas.

—Perdón —fue lo primero que dijo la joven—. Si me hubiera asegurado que los golpes de Shoko habían sido en el lugar correcto, tal vez no habría podido despertar antes de estar bajo custodia y…

—Está bien —habló para evitar que siguiera culpándose. Sintió la boca rasposa, así que probablemente fuera menos de un día, pero más de lo que usualmente duerme—. No podías prevenirlo, era un hombre mucho más grande y más resistente que tú.

—Pero estás en el hospital, te apuñaló, y… —Milo dejó que la chica se desahogara. Tardó varios minutos en darse cuenta por qué la situación alteraba a Kyoko: es de esta misma forma, bajo el mismo cuchillo que tomó el hombre, que su padre había sido asesinado.

—Tranquila, ya todo va a estar bien. Casi no me hizo nada.

Tomó su mano en un gesto de solidaridad, y le permitió que continuara llorando.


—Ya acabó el juicio —dijo Milo, sentándose frente a Kyoko y deshaciéndose de la corbata que le cortaba la respiración. Le hizo una seña a Shoko como señal de "lo de siempre" y continuó hablando—. Aparentemente Saga sufría de una variable de Transtorno de Personalidad Disociativo, o de personalidad múltiple, y en vez de darle cadenas perpetuas múltiples, lo metieron a un hospital psiquiátrico.

—Apelar locura, un clásico —a pesar de que era irónico, ya no existía en su voz el mismo rencor que había habido antes—. Al menos ahora sé que el asesino de mi padre está donde debería estar.

—¿Y qué vas a hacer ahora que no necesitas a Equuleus?

Kyoko bebió de su licuado y se encogió de hombros. —Creo que a Shoko le gustó eso de ser vigilante nocturna. Probablemente se lo quede ella, le quedaba mejor el papel, me parece. Siempre le gustó Batman —soltó un suspiro—; creo que Mii quiere diseñar una línea, algo con temática de dioses griegos, y quería meterme, al igual que a su amiga, Saori Kido. Algo sobre Athena y sus sirvientas, no estoy muy segura de haberle entendido.

Milo asintió. —Llevo pensándolo mucho tiempo… ¿te gustaría mudarte conmigo? —frente a la mirada atónita de la joven, aclaró—: entiendo si es muy pronto para ti, no tienes que darme una respuesta. Pero creo que así podríamos vernos más seguido.

—Es casi como si estuviéramos casados —dijo Kyoko, muy para sí, dejando el batido de lado.

—¿Quieres estarlo?

—Un paso a la vez, oficial Nomikos —alzó un dedo, comenzando su explicación—. Me encantaría vivir contigo, pero no en estos momentos. Sigo recuperándome de las secuelas, y ya me has visto con las pesadillas. Te mantendría despierto todas o casi todas las noches.

—No me molesta —dijo de inmediato el griego.

Kyoko le observó con los ojos entrecerrados, como si de esa forma pudiera discernir sus intenciones.

—Dame un mes para pensarlo, entonces.

Milo se acercó a donde estaba; su rostro se estaba acercando e inconscientemente, Kyoko comenzó a cerrar los ojos. Al no sentir sus labios contra los suyos, se atrevió a abrir uno de ellos, notando que Milo se había robado su batido en el proceso.

—¡Oye!

—Tienes todo el tiempo del mundo para decidir, no te preocupes.

—¿Decidir qué? —preguntó Shoko, llegando a la mesa con la bebida que Milo había ordenado.

Milo sonrió. Kyoko intentó cubrirse el rostro con la carta de aperitivos.


Equuleus | fin


Notas y nombres;
Todos los nombres utilizados en este fic son nombres griegos de verdad. Significan lo siguiente:
Aetós; Águila, o relacionado al águila.
Nomikos; Significa de la ley, ley, o relacionado a la ley.
Iraklidis; Significa "hijo de Heracles". En este caso lo escogí porque según el mito original (y si no mal recuerdo), Heracles se volvía loco por culpa de Hera y asesinaba a todos sus hijos. No que... ninguno de los asesinatos sean familiares de Saga, pero la referencia era demasiado buena como para no hacerla.