N/A: Este es mi desenlace de ellos, ni más ni menos.


EL LUGAR AL CUAL (NO) PERTENECES


Tu amor se esfuma tan pronto como ves a Shinobu abandonar tu mancillada figura para dirigirse al rumbo del no retorno. Al parecer tus encantos no fueron suficientes para convencerla de que apreciara tu formidable personalidad; y eventualmente, observas su presencia desvanecer (junto a tu único entretenimiento) y lo último que te queda de ella es el sonido de un llanto agridulce que es ahogado por su alivio emanante de haber encontrado algo que perdió hace mucho mucho tiempo.

Supones, entonces, que se encuentra en 'ese sitio' (aquel que jurabas inexistente a muerte y, sin embargo, una pequeñísima parte de ti se siente como un imbécil), mientras tú te hallas atrapado en un limbo sin más que ser una cabeza cercenada. Mueres por segunda vez de tan sólo pensar en que pasarás el resto de la eternidad en ese aburrido vacío; aclamas por irte al infierno porque aseguras que incluso en ese lugar sería mucho más divertido (pero oh− tal parecía que este era el infierno al que se refería Shinobu. Y por lo visto le había dado al clavo).

La indiferencia y el egoísmo que tanto te caracterizan hacen que rápidamente suprimas cualquier rastro de culpa y responsabilidad de tus acciones, porque, ni aún por Shinobu te irías a arrepentir de todo lo que hiciste. Le resoplas al vacío y deseas cuando menos una bella doncella a la cual le puedas succionar las entrañas. Y como si un ente generoso hubiera escuchado tus plegarias, el hermoso rostro de una joven con ojos característicos y sonrisa contagiosa se acerca a ti, iluminando el arcoíris en tus ojos porque, sin que lo pudieras creer, el milagro del perdón en verdad existía.

La madre de ese niño que parecía una copia exacta de ella se estaba doblegando ante ti; ni una sola palabra sale de su boca, de su radiante sonrisa que cada vez pronunciaba más; y en ningún momento te parece extraño. Tus expresiones faciales se entumen de solo verla, y un sentimiento de tranquilidad te recorren por la única parte de tu cuerpo.

(Y te sientes feliz−

como la última vez que viste a Shinobu, los sentimientos te corroen por dentro y se expresan de una manera tan brusca; como la primera vez que sientes.)

« ¡Kotoha! ¿Es cierto lo que mis ojos ven? ¿En verdad me perdonarás por haberte matado y alejado de tu hijo? ¡Qué alegría siento! ¡Alegría auténtica! ¡Kotoha−, en verdad estoy enamorado de ti y tú eres la única con la que deseo pasar esta aburrida eternidad a tu lado!»

La desesperación te consume y tu amor desbordante te nubla la vista. Kotoha sigue sin decir ni una sola palabra pero, la calidez que emanan sus ojos te conmueven e hipnotizan al grado de hacerte ignorante de lo que más temías; y se vuelve realidad.

Quieres reprender algo, alzar la voz o cualquier cosa para evitar que se vaya; pero no puedes. La serenidad de su rostro hace que no puedas objetar nada y únicamente te quedas pasmado viéndola alejarse de ti; y con el tono más dulce que jamás hayas escuchado en tu vida, un murmuro hace eco en la infinidad del vacío−

« Cuando vivía deseaba que los tres pudiéramos ser una familia normal. Espero de corazón que en tu siguiente vida dejes de ser un demonio.»

Y te desmoronas sin entender nada.